
Durante sus tierna adolescencia, el futuro cantante de Black Sabbath, Ozzy Osbourne intentó probar con el delito, robando un televisor (que se le cayó encima durante su huída y tuvo que ser abandonado), algo de ropa de bebé y algunas camisetas. Todo en un negocio muy cercano a su propio domicilio en la zona de Aston. Parafraseando al film, Ozzy robó, huyó y lo pescaron y de esa forma pasó seis semanas en la prisión de Winson Green cuando su padre no quiso pagar una fianza después de ser declarado culpable. Osbourne senior decició dale una lección a su hijo. De algo sirvió, al menos las seis semanas que pasó encerrado, el futuro Príncipe de las Tinieblas se sintió bastante mal consigo mismo.